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DECLARACIÓN DE MISIÓN
El fin de este Instituto es procurar educación humana y cristiana
a los jóvenes, especialmente a los pobres, según el ministerio que la
Iglesia le confía.
(Regla de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas, Articulo 3)
Nuestro
Fundador, San Juan Bautista de La Salle renovó la escuela para hacerla
accesible a los pobres y para ofrecerla a todos como signo del Reino y
medio de salvación.
La escuela cristiana, que siempre debe renovarse, es el instrumento
privilegiado de la actividad de los Hermanos. El Instituto se abre también
a otras formas de enseñanza y educación adaptadas a las necesidades de la
época y de los países.
San Juan Bautista de La Salle, atento por inspiración de Dios al desamparo
humano y espiritual de «los hijos de los artesanos y de los pobres» se
consagró a la formación de maestros de escuela enteramente dedicados a la
instrucción y educación cristiana. Reunió a esos maestros en comunidad, y
fundó luego con ellos el Instituto de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas.
Fieles
a la llamada del Espíritu y al carisma de su Fundador, los Hermanos se
consagran a Dios para cumplir, asociados, el ministerio apostólico de la
educación.
Nuestro 43º Capítulo General, realizado en Roma durante la primavera del
2000, planteó el tema de la misión de nuestro Instituto, hoy, insistiendo
en sus tres aspectos más importantes:
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SERVICIO EDUCATIVO DE LOS POBRES
Desde los orígenes, el Instituto se define como suscitado por Dios para la
evangelización y el servicio educativo de los pobres. En el pasado y
actualmente, el Instituto se ha preocupado y se preocupa del servicio
educativo de los pobres. Tiendo en cuenta de que el servicio educativo de
los pobres está ligado a contextos sociales, culturales y económicos muy
diversos en los diferentes países en que está implantado el Instituto.
Somos conscientes de que nuestro servicio educativo a los pobres no
pretende resolver el problema de la pobreza en el mundo, sino sólo lo que
se relaciona con el mundo de la educación. Queremos recorrer el camino que
conduce a los pobres "colectivamente", reconociendo que Dios nos llama a
dar respuestas creativas y generosas a las pobrezas del mundo de hoy, en
fidelidad a nuestro carisma fundacional.
El Instituto no puede pretender por sí solo conseguir un acercamiento
educativo y una acción eficaz ante todas las formas actuales de pobreza.
Por ello es importante que establezca relaciones y colabore con otras
organizaciones y otras instancias (políticas, sociales, religiosas...) que
trabajan para resolver problemas de los pobres en los niveles local,
regional o internacional. |
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EVANGELIZACIÓN
«Es Dios tan bueno que, una vez creados por Él los hombres, desea que
todos lleguen al conocimiento de la verdad... y vosotros habéis sido
elegidos por Él para ayudarle en este ministerio, anunciando a estos niños
la Buena Nueva y las verdades contenidas en ella...» (Med 193)
Algunos jóvenes tienen dificultad en aceptar la Buena Nueva que les
anunciamos. El secularismo del medio ambiente en el que se mueven se
caracteriza por una "cultura global de la juventud" basada en valores
comerciales y económicos cuestionables que rechazan relaciones y
compromisos duraderos. Si queremos que haya un verdadero diálogo, hemos de
conocer su realidad y utilizar lenguajes y formas de expresión que les
sean comprensibles.
Manteniéndonos
abiertos al descubrimiento de lo bueno que hay en todas las culturas,
debemos llevar los valores de la Buena Nueva al medio social de los
jóvenes de forma que la vida familiar sea reforzada, y que tanto los
marginados social y económicamente, -por ejemplo: analfabetos y
vagabundos- así como todos aquellos que experimentan nuevas formas de
pobreza -es decir, aquellos que se encuentran sin amor, sin fe, sin
sentido de la vida- sean liberados.
La labor docente es cada vez más difícil. Los padres de familia tienen
ante sí el reto de responder efectivamente a la diversidad y complejidad
de la realidad actual. El compromiso ejemplar de gran cantidad de
personas, hombres y mujeres,
Hermanos y Colaboradores, ancianos y jóvenes, que trabajan juntos en la
misión lasaliana por los jóvenes y los pobres es aún más necesario. En
este contexto, constatamos felizmente que la mujer tiene cada vez una
presencia mayor y desempeña un papel más significativo en la misión
lasaliana.
El buen ejemplo dado por testigos creíbles, auténticos y coherentes es el
medio más apropiado para compartir la Buena Nueva. Esto se logra más
eficazmente mediante un grupo o una comunidad de personas, por ejemplo la
comunidad de Hermanos, Hermanas, Catequistas o Comunidad de Seglares.
Además de compartir implícitamente la Buena Nueva, debemos también hacerlo
de forma explícita con otros medios, tales como expresiones públicas de fe
y programas de catequesis, pastoral juvenil y vocacional.
Si las obras lasalianas han de ser la expresión viva de la Buena Nueva,
deberán ser lugares de diálogo en verdad, libertad y esperanza. De esta
manera los Hermanos y los Colaboradores Lasalianos entran en la cultura de
los jóvenes para anunciar la Buena Nueva e invitar a una conversión
continua. En el ministerio lasaliano, la escuela es un lugar privilegiado
para un diálogo interreligioso y ecuménico que da testimonio del valor de
todas las expresiones de fe. Los Lasalianos que trabajan en las
universidades, tienen la posibilidad de contribuir de manera especial a
nuestra misión, por su intensa dedicación a la investigación en el campo
del crecimiento de la fe entre los jóvenes, cualquiera que sea su
religión, y por la preparación y acompañamiento de aquellas personas a
quienes se les ha confiado la difícil tarea de compartir la Buena Nueva en
un ambiente cada vez más secularizado y multirreligioso.
El
carisma lasaliano se vive ya en el contexto de las sociedades
pluriculturales y multirreligiosas. Los jóvenes de todas las culturas y
tradiciones religiosas tienen el derecho y la libertad de vivir el carisma
lasaliano y beneficiarse de ello.
Para muchos jóvenes existe un abismo cada vez más amplio entre ellos y la
Iglesia institucional. La escuela lasaliana se convierte en el lugar donde
experimentan el mensaje de la Buena Nueva de una manera que toca sus
corazones, sus necesidades y sus preocupaciones.
El anuncio de la Buena Nueva es más creíble y más auténtico cuando los
jóvenes y sus educadores son solidarios con los pobres en su lucha por la
justicia. Es en este contexto, los jóvenes perciben la llamada vocacional
a comprometerse con la misión lasaliana, incluso como Hermano de las
Escuelas Cristianas.
Numerosas experiencias en el mundo sugieren que la educación religiosa, el
servicio y la comunidad son partes integrantes de una buena fórmula para
el crecimiento en la fe. Descuidar cualquiera de estos tres aspectos lleva
al fracaso de la finalidad de todo el proceso. |
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URGENCIAS EDUCATIVAS
El Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, como tantas
organizaciones y personas hoy, tiene una clara y evidente
conciencia de la importancia de la educación de los niños, jóvenes y
adultos de este siglo que comienza. La Comisión, ante esta necesidad
educativa, propone reforzar el compromiso del Instituto, durante los
próximos siete años, en cuatro campos particularmente urgentes:
Los Derechos del Niño
La
Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas (1989)
ratificada internacionalmente, es un medio para la defensa contra los
abusos de los derechos de los niños y los jóvenes, observamos que es poco
conocida y comprendida por los Hermanos y Colaboradores. Las costumbres
culturales no siempre están de acuerdo con los artículos de esta
Convención.
Los Hermanos y Colaboradores necesitan ser más conscientes del contenido
de la Convención. La aplicación de la Convención tiene que adaptarse a las
situaciones locales y la misión educativa lasaliana debe orientarse hacia
los niños cuyos derechos no están protegidos. |
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Renovación Educativa
El
Instituto valora positivamente y agradece la acción educativa de los
68.000 Hermanos, Profesores y Educadores que en todo el Instituto
constituyen, «juntos», una presencia educativa «desde la mañana hasta la
noche» con alumnos y estudiantes. Les anima a continuar con ilusión en el
ejercicio de su ministerio y alienta de modo especial a aquellos y
aquellas que soportan mayores dificultades en las circunstancias actuales,
especialmente en la puesta en práctica de nuevas iniciativas pedagógicas.
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El anuncio explícito de la Fe
El anuncio explícito de la Buena Nueva plantea problemas en todos los
continentes ya sea a causa del contexto multirreligioso, ya sea a causa
de la descristianización, de la secularización o de la increencia.
Cuando el anuncio explícito de la Buena Nueva se hace de manera
impositiva, estamos abocados al fracaso ya que el joven no se siente
respetado.
El
anuncio explícito de la Buena Nueva se realiza a través de la asignatura
de religión dentro del horario escolar y a través de actividades
pastorales fuera del horario escolar.
En el Instituto disponemos de muchos materiales, somos conscientes del
esfuerzo constante que hay que hacer para adaptar el lenguaje de los
materiales al lenguaje de los jóvenes de hoy.
Los Colaboradores, junto con los Hermanos, se comprometen en el anuncio
explícito de la Buena Nueva. A pesar de las dificultades, su entrega es
notoria y se traduce por una demanda de formación y por la puesta en
práctica de programas de formación catequética.
Hacemos un llamamiento a los Hermanos y Colaboradores para que renueven su
compromiso con la catequesis y la formación específica en este terreno.
La fe es una adhesión libre. El anuncio explícito de la
Buena Nueva debe ser propuesto a todos. Así se puede establecer un diálogo
constructivo.
Ante los nuevos medios de comunicación, los
Colaboradores y los Hermanos deben dar pruebas de creatividad para
anunciar la Buena Noticia. Con este fin, es importante Introducirse en el
mundo de los jóvenes y en su cultura, que es también portadora de valores
evangélicos, estar abiertos a otros movimientos juveniles fuera del ámbito
lasaliano. |
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Presencia Lasaliana en sociedades multirreligiosas
La
misión lasaliana se vive ya en el contexto de sociedades pluriculturales y
multirreligiosas. Los Hermanos y los Colaboradores que trabajan en estas
sociedades, experimentan respuestas muy diversas, que muy a menudo van
desde la intolerancia o la indiferencia al respeto.
La presencia del Instituto en sociedades multirreligiosas exige un diálogo
interreligioso en cuatro niveles:
1. Vida: Hermanos, Colaboradores y jóvenes
construyen relaciones de amistad y desarrollan la fraternidad
transcendiendo las diferencias religiosas.
2. Escuela: Un lugar de encuentro en el cual el niño es el centro,
cualquiera que sea su religión. Continúa siendo un lugar para la educación
humana y religiosa, dando la prioridad al servicio educativo de los
pobres.
3. Servicios: Hermanos, Colaboradores y jóvenes son solidarios al
servicio de los pobres, a pesar de sus diferencias religiosas.
4. Institucional: el diálogo interrreligioso en asambleas
nacionales o internacionales. |